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Escrito por enpapelados
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Miércoles, 15 de Septiembre de 2010 08:21 |
Leyendas bogotanasMarcela Orozco 10.03 JM
Son demasiadas las historias que rondan por las calles de nuestra ciudad; fantasmas, duendes, manos peludas, esqueletos andantes, fantasmas de animales, almas en pena, seres sin cabeza, ermitaños furiosos, mujeres misteriosas, sombras, huellas y brujas por montón. Un sinfín de historias que hacen parte de la cultura de nuestra ciudad y que nacieron desde la época de la colonia. La candelaria es uno del barrio santafereño más antiguo y misterioso de la capital. Se dice que por sus calles y algunas de sus casas rondan más de un espíritu. Una de tantas historias contadas por un habitante de una casa ubicada en la calle 10 con carrera 3a dice ha visto en las horas de la tarde en las escaleras de la casa a un hombre con traje colonial, peluca, pantalón a las rodillas, casaca verde, zapatos de tacón y medias de seda. El hombre llamado Ángel Cuervo persiguió al espectro preguntándole quien era, pero el ser corrió y se metió en una pared, luego con el tiempo se dijo que la aparición era el Virrey Espeleta quien habito esa casa, la que hoy día es la sede de la fundación Gilberto álzate Avendaño.
El duende Baltazar  Siglo 18, candelaria, la historia cuenta de una mujer soltera que quedo embarazada. Ella para no enfrentarse al repudio de la sociedad decide sin más dejar al niño en la casa donde ella vivía, el duende del niño todavía reposa en aquel lugar, un duende demasiado inquieto y travieso, la casa ahora se encuentra abandonada. El duende frecuentaba jugar con los niños y desordenar la casa, cuentan que en un tiempo en el lugar había un restaurante, no se podían dejar las mesas arregladas porque al otro día amanecían desarregladas.
La sombrerona
Vestida de rojo, un vestido ceñido que mostraba una figura espectacular, unos guantes negros elegantes de terciopelo y un sombrero rojo grande que no dejaba ver su rostro. Reposaba en una esquina todas las noches, cuenta la historia que un señor demasiado elegante salía de un café a altas horas de la noche rumbo a su casa, el en la niebla vio la silueta de aquella mujer y vio que en su mano sostenía un filtro de un cigarrillo y que en su punta había un cigarro apagado, el se apresuro a mostrar sus dotes de galán se le acerco y le dijo que si deseaba fuego, ella acepto y prendió su cigarro, al subir su cabeza para darle gracias a aquel señor, el señor pudo ver que no había rostro, solo dos cuencas como ojos una cuenca como nariz y unos dientes amarillos, al ver eso callo al sueño desmallado y al otro día amaneció en la misma esquina desnudo y aruñado, y así paso con muchos hombres más que al verla al otro día amanecían desnudos y aruñados.
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